La Guerra contra las drogas: El miedo como arma, la dignidad como...

La Guerra contra las drogas: El miedo como arma, la dignidad como defensa*

0 521

Marco Antonio Castillo

I

 Hay una guerra mundial contra los migrantes, los trabajadores organizados, los campesinos, los indígenas y cualquier otra población que amenace u obstaculice el proyecto de desarrollo regional. El mundo hoy vive un momento de profunda violencia, y una lucha encarnizada por asegurar la viabilidad de proyectos políticos y económicos de unos cuantos, y en lugar de invertir cada vez más en educación para la paz, las inversiones en armamento siguen siendo de las más altas de los gobiernos.

Y el proyecto de Estado mexicano, lejos de ser la excepción, es hoy la vanguardia en el uso de la violencia como política pública.

Y es que el proyecto de Estado mexicano, desde que se definió como empresa política del criollismo mexicano, ha usado la violencia como lenguaje para el ejercicio del poder, desde el núcleo familiar hasta las universidades, y la historia del Estado es la historia de la lucha por la imposición violenta de una visión de nación sobre un territorio multicultural. Frente a ello, la economía informal, el narcotráfico, la violencia doméstica y comunitaria, han sido parte de la larga microhistoria de la tierra en que vivimos, de las historias que siempre se contaban en secreto o de manera soterrada.

Pero es en nuestra historia reciente, el año 2006, que el gobierno panista toma a la violencia y al miedo como políticas públicas para “acabar” con la violencia, bajo el supuesto de terminar con el azote del narcotráfico. Pero con toda claridad, con ello también se institucionaliza, se publica y politiza la persecución de la sociedad civil, de las poblaciones localizadas en territorios con recursos naturales, de los incómodos y de los desafortunados que pasaban por ahí, para desorganizar la oposición y avanzar en la privatización de tierras y el control de los mercados locales.

Bajo esta visión, la violencia dejó de ser secreto a voces, para convertirse en orden público. La gente comenzó a desaparecer por montón frente a los ojos del mundo y el miedo se hizo cotidiano y tomó las calles, las casas, los pueblos y las ciudades. Policías y soldados en las calles, dejaron de ser un suceso secreto y se volvieron parte del escenario cotidiano, y sus armas el recordatorio de que la guerra estaba en marcha.

Y es en ese contexto que desde la tristeza, la indignación y el miedo, salieron algunos decididos a no permitir esta forma perversa de hacer política, a impedir la impunidad y la corrupción del ministerio público, del policía, del soldado; a exigir con el miedo expuesto la aparición con vida del padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija. Y con ellos, la sociedad negoció con el miedo y caminó con ellos en la ruta de la exigencia de justicia. Segura que era lo que había que hacer.

Hoy, nueve años después del inicio de la Guerra, quienes acompañamos a hombres y mujeres en búsqueda de un ser querido que ha desaparecido como producto de la violencia, hemos tenido que aprender a trabajar con el miedo cotidiano en la garganta y con el horror de la tragedia que vive nuestro país, que lejos de aminorar se agrava.

Y lejos de encontrar justicia, muchos de estos familiares e incluso varios de nosotro@s nos hemos convertido en víctimas de acoso, intimidación y violencia por el hecho de acompañar u opinar sobre la violencia, sus impactos o sus responsables.

Pero no hay otro camino y hoy, después del surgimiento del Movimiento Por la Paz Con Justicia y Dignidad, después de miles de muertos y desaparecidos, después de cientos de marchas y caravanas, seguimos trabajando con el ánimo de que la sociedad se fortalezca en la defensa de la justicia, reparación del daño, memoria y no repetición.

II

Y es que nos sobran argumentos para exigir un alto a una guerra absurda, que aunque hoy niega su nombre, sigue matando al pueblo.

  • Los daños relacionados con el consumo de drogas son en materia de salud, no en el orden público
  • La violencia por el narcotráfico y producto de su combate solo ha generado más violencia. La estrategia no funciona. Desde el comienzo de la llamada Guerra contra el narcotráfico se han disparado las denuncias de abusos y violaciones del Ejército mexicano y los fallecimientos por agresiones de siete mil en 2007 a más de 24 mil en 2011.
  • Las Guerra contra las drogas debería comenzar por cerrar los bancos que lucran con las ganancias del narcotráfico, y luego por limpiar de corrupción el sistema de procuración de justicia de todo el territorio.
  • En su visita de la semana pasada, los organismos internacionales de Derechos Humanos recomiendan la salida del ejército de las calles.
  • La perspectiva de Seguridad Regional y Nacional implica aumento de la inseguridad ciudadana y comunitaria. EU ha destinado más de dos mil millones de dólares en ayuda para la seguridad regional a través del Plan Mérida, y lejos de mejorar, la crisis de Derechos Humanos se agrava y la paz se ve más lejana.

Y es con estas verdades contundentes, que frente a un gobierno mexicano empecinado con desaparecer a los pueblos, las libertades fundamentales, la democracia y la vida de sus hombres y mujeres, no dejamos de articularnos y se multiplican nuestras alianzas.

El próximo año, en el contexto de la Sesión Especial sobre política de Drogas, que convoca las Naciones Unidas a partir de una solicitud del Gobierno de México,  organizaciones, colectivos y grupos de la sociedad civil, de familiares de víctimas, académicos y artistas de Honduras, El Salvador, Guatemala, México y Estados Unidos, recorremos desde Honduras hasta Nueva York, deteniéndonos en puntos neurálgicos de la Guerra contra las Drogas/Guerra contra los pueblos, para recordar a las víctimas, denunciar a sus asesinos, exigir justica, y llamar a un cambio de paradigma, donde las personas y el aprecio a la vida sean el corazón latiente de la vida democrática de la región; donde se emprenda el camino a la regulación y despenalización de las drogas,

III

Porque no es nuestro el miedo que hoy nos quieren imponer,

Porque no nos cansamos de rechazar la violencia como forma de gobierno,

Porque cada cuerpo desaparecido es una parte del territorio que nos falta,

Porque nos faltan 43 y más de 100 mil,

Porque somos más los que pensamos que la guerra no es la respuesta a los problemas de México.

Que la paz es el único proyecto viable para la construcción de un país, y la reconstrucción de un territorio lastimado.

Y opino que el Estado mexicano es responsable de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y en cualquier sociedad que se precie de ser mínimamente democrática tendría que tener consecuencias.

Y que se deben incluir las voces de los familiares de víctimas en La Ley General de Desaparición Forzada. Muchas de ellas ya fueron consultadas y el gobierno tiene la información.

Y que la fiscalía especializada de búsqueda de personas debería contar con el mandato y los recursos para tener más MPs e  involucrarse aún en los estados y municipios.

Y que el Plan Frontera sur debe desaparecer hoy mismo.

*Texto leído por el autor el pasado sábado en la Feria del Libro del Zócalo que se celebra en el Distrito Federal del 9 al 18 de octubre

SIN COMENTARIOS

Deja una Respuesta