Los migrantes conocemos Ayotzinapa

Los migrantes conocemos Ayotzinapa

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Marco Antonio Castillo Martínez

Tlaxcala, Tlax., a 25 de marzo de 2015/A cinco meses de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Superior de Ayotzinapa, Guerrero, los mexicanos no podemos sino seguir temblando de miedo. No sólo no se han encontrado a los jóvenes desaparecidos, sino que desaparecen más mexicanos. El gobierno mexicano tiene un registro de 23 mil desaparecidos, y desde junio de 2013 hasta enero de 2015, de acuerdo con la PGR, se han encontrado a 102 personas, 72 con vida y 30 fallecidas. Vaya abismo de ineficacia gubernamental que separa a los desaparecidos de sus familias.

Desde la llegada de Felipe Calderón a la Presidencia de la República en 2006, el gobierno federal emprendió una mal llamada “Guerra contra el Narcotráfico” que costó la vida de miles de personas y la desaparición de muchas más de las que el gobierno reconoce, según el Movimiento por la Paz con Justica y Dignidad.

Y cuando Enrique Peña Nieto llega al poder en 2012, declara el fin de la guerra, pero ni las desapariciones, ni los enfrentamientos, ni la sangre terminan. Y luego Ayotzinapa.

Este doloroso panorama que ha trastornado la vida y la paz de los mexicanos, está justificado al amparo de la llamada Seguridad Nacional y de los planes de seguridad regional firmados con los Estados Unidos, bajo argumentos de que el Estado mexicano perdió el control de varios municipios y el Estado de derecho perdió vigencia en algunas regiones del país.

Frente a este panorama, miro a la frontera y pregunto. ¿Qué no los migrantes y sus familias venimos denunciando que el Estado no hace su trabajo en nuestras comunidades desde hace décadas? ¿No fueron suficientes los secuestros y las muertes de migrantes a manos del crimen organizado en la frontera para que el gobierno hubiera prevenido esta situación? Y para colmo, ¿Por qué lo migrantes seguimos siendo los más expuestos a ser confundidos o a seguir siendo violentados por la policía o los criminales?

Desde hace más de 20 años, los tlaxcaltecas sabemos que la ruta del narcotráfico y de la trata de personas es la misma ruta de sangre por la que transitan los migrantes, que el Estado mexicano no se ha hecho cargo de cambiar las condiciones de vida de nuestras comunidades y como consecuencia la población ha migrado o se ha ido a la economía informal. No hay sorpresa en la crisis que hoy el gobierno tiene frente a él.

Pero sí hay sorpresa de que los secuestros y desapariciones de gente inocente no cese, que los millones de dólares invertidos en “seguridad” no hayan servido para contener la violencia sobre los migrantes y sus comunidades, y que lejos de ello, varios pueblos migrantes hayan tenido que establecer su propia policía comunitaria. Y peor aún, que hoy, estudiantes y amas de casa sean objeto de criminales sin corazón y con mucha protección.

En Tlaxcala nos duele esta realidad, a los migrantes nos duele esta realidad. Justicia Ya.

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