¡Ya pónganse a trabajar!

¡Ya pónganse a trabajar!

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Marco Antonio Castillo*

Desde el año 2001 recorro los Estados Unidos buscando y trabajando con migrantes, sobre todo de Tlaxcala y Puebla. Esto me ha dado la oportunidad de conocer de primera mano, el gran esfuerzo que hacen millones de mexicanos viviendo del otro lado del río Bravo y que a nuestros gobiernos aún les hace mucha falta valorar.

Por principio, renunciar al terruño y a la familia para aventurarse a tierras desconocidas, es de por sí un acto de valentía, y tener que cruzar oculto una franja de tierra salvaje, dominada por el clima extremo, es un acto de heroísmo.

Y ya desempacados en la Unión Americana, nuestros paisanos tienen que empezar a trabajar inmediatamente para empezar a pagar deudas y a cumplirle a la familia, muchas veces haciendo los trabajos más duros y menos bien pagados. Pero más tarda un rubio en cansarse, que un mexicano en aprender un nuevo oficio. Pronto, nuestros connacionales aprenden oficios nuevos y rápidamente comienzan a escalar, dada su entrega y compromiso.

Además, en el tiempo libre se consiguen otro empleo o emprenden negocios propios vendiendo productos y servicios entre amigos y familiares. He conocido hombres y mujeres que hacen carnitas en las calles de San Francisco, California; churros en Manhattan o tamales en Brooklyn.

También los paisanos que aprendieron oficios de mecánico, plomero, carpintero o albañil, ofrecen trabajos a su comunidad a un precio mejor que el común.

Por si esto fuera poco, muchos migrantes mexicanos se comprometen con sus familias, sus santos patronos y su comunidad para organizar y financiar fiestas civiles, religiosas y carnavales. 15 años de la sobrina, el santo patrono del barrio o la camada de carnaval.

Y así, de a uno en uno, los trabajadores migrantes suman un movimiento económico masivo que nutre la vida de los Estados Unidos y México sin mucha inversión, sin privatizar playas o amenazar la vida de otros.

Sin embargo, estas contribuciones no han sido suficientes para mover los malos corazones de los gobernantes que, lejos de comprometerse a paliar las causas y consecuencias negativas de la migración en la vida comunitaria, asumen como propios los triunfos de la migración.

La mayoría de las comunidades del sur de Tlaxcala, han visto progresos en sus economías domésticas como producto de la migración, pero aún falta mucho para que esos progresos se encadenen para formar redes productivas y de valor que regionalicen y sostengan los beneficios; falta asegurar la calidad de los servicios públicos de los que se quedan y proteger el tejido social de las comunidades de origen de la violencia y las adicciones que pueden venir con la migración.

Los migrantes exponen su vida para sostener a sus familias y proveer de capital a sus comunidades, luego del fracaso del modelo económico impuesto en sus pueblos y comunidades, y no será hasta que los gobiernos se abran a revisar los niveles de discriminación y marginación social que persisten en Tlaxcala, desde  la óptica de los Derechos Humanos y estándares de calidad de vida, que se podrán generar políticas públicas que complementen y fortalezcan las contribuciones de los migrantes con una visión de humanidad, inclusión  y sostenibilidad.

Gobierno, ponte a hacer tu trabajo que los migrantes ya están haciendo el suyo.

*Director del Instituto de Investigación y Práctica Social y Cultural (IIPSOCULTA), Coordinador General del proyecto de la Asamblea Popular de Familias Migrantes (Apofam). Fue director Fundador del Centro de Atención a la Familia Migrante Indígena (Cafami)

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